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Tendencias en la Gestión de Pensiones en América Latina Postpandemia

La pandemia de COVID-19 puso en jaque muchos aspectos de nuestras vidas, y los sistemas de pensiones en América Latina no fueron la excepción. Lo que ya era un desafío complicado—envejecimiento poblacional, informalidad laboral y bajos aportes—se convirtió en una crisis mucho mayor tras el impacto económico de la pandemia.

Mientras los países de la región tratan de recuperarse, se plantean reformas y soluciones para asegurar pensiones justas y sostenibles. Aquí exploramos las tendencias clave que están marcando el futuro de la gestión de pensiones en América Latina.

El impacto del COVID-19 en los sistemas de pensiones

Uno de los efectos más visibles de la pandemia fue la necesidad de permitir retiros anticipados de los fondos de pensiones para que las personas pudieran enfrentar las dificultades económicas. Países como Chile y Perú permitieron que los trabajadores accedieran a hasta el 40% de sus fondos, lo que alivió momentáneamente la situación de muchas familias. Sin embargo, esta solución de corto plazo ha dejado secuelas a largo plazo.

En Chile, por ejemplo, un tercio de las cuentas individuales quedaron sin saldo tras estos retiros, lo que pone en riesgo las jubilaciones futuras. Perú enfrenta un desafío similar. Estas medidas, si bien necesarias para aliviar la crisis, han reducido los ahorros para la jubilación de millones de personas, y ahora los gobiernos tienen la tarea de encontrar soluciones que aseguren pensiones dignas para todos.

¿Y qué pasa con la sostenibilidad? Los retiros no solo afectaron las cuentas individuales, también aumentaron la presión fiscal sobre los gobiernos. En Argentina, el gasto en pensiones ya representaba más del 12% del PIB antes de la pandemia. Esta crisis no hizo más que exacerbar el problema, dejando a muchos países luchando por equilibrar sus finanzas.

Conoce un poco de los factores de éxito en los sistemas de ahorro previsional voluntario a nivel mundial y cómo replicarlos

Recuperación del empleo. Aunque muchos países están recuperando poco a poco el empleo formal, la informalidad laboral sigue siendo un problema grave. En América Latina, una gran parte de la población trabaja sin cotizar al sistema de pensiones, lo que debilita la base de contribuyentes y pone más presión sobre los sistemas públicos.

Ahora bien, además de estos desafíos inmediatos, los sistemas de pensiones enfrentan otra cuestión crítica a largo plazo: el envejecimiento poblacional.

Envejecimiento poblacional: Un reto inminente

América Latina está envejeciendo, y lo está haciendo rápido. Países como Chile, Argentina y Brasil están viendo cómo sus poblaciones mayores crecen de manera acelerada mientras que las tasas de natalidad disminuyen. Este cambio demográfico tiene un impacto directo sobre los sistemas de pensiones, diseñados para poblaciones más jóvenes, que aportaban más de lo que retiraban.

¿Qué están haciendo los países al respecto? Varios países han adoptado sistemas de pensiones de múltiples pilares. Por ejemplo, en Colombia, la reciente reforma incluye un pilar solidario para personas con bajos ingresos y otro contributivo para quienes tienen mayores recursos. Este enfoque busca equilibrar la carga sobre los sistemas de pensiones y ampliar la cobertura.

Aumento de la edad de jubilación. Para abordar este problema, algunos países están comenzando a aumentar la edad de jubilación. Esto puede sonar impopular, pero tiene sentido si consideramos que vivimos más tiempo. Extender la vida laboral activa permite que los sistemas de pensiones se mantengan financieramente viables. No obstante, esta medida debe implementarse con cuidado, especialmente para no afectar a quienes tienen trabajos físicamente demandantes.

Con estos cambios demográficos en mente, también es crucial entender cómo algunos países están optando por sistemas mixtos para equilibrar mejor sus desafíos estructurales.

Sistemas mixtos: La solución híbrida

En respuesta a los problemas de sostenibilidad, muchos países están optando por sistemas de pensiones mixtos, que combinan componentes de reparto y capitalización individual. ¿Qué significa esto? En lugar de depender exclusivamente de los aportes individuales o de los fondos públicos, estos sistemas buscan un equilibrio entre ambos, ofreciendo una pensión mínima garantizada para los trabajadores de bajos ingresos y permitiendo que quienes ganan más ahorren en cuentas privadas.

Colombia y Perú a la cabeza: Colombia ha adoptado un sistema mixto que combina un pilar solidario y otro de capitalización individual. El programa BEPS (Beneficios Económicos Periódicos) es un buen ejemplo de cómo se busca incluir a los trabajadores informales en el sistema. Perú sigue una estrategia similar, aunque enfrenta desafíos por la informalidad y la baja densidad de contribuciones.

¿Y qué hay de los pilares solidarios? En países como Uruguay y Chile, estos pilares han sido esenciales para garantizar ingresos básicos a quienes no han podido cotizar de manera regular. Estos sistemas son clave para reducir la desigualdad y asegurar que las pensiones lleguen a los más vulnerables.

Pero para entender mejor cómo estos cambios están afectando a la región, echemos un vistazo a algunos casos de estudio clave.

Casos de estudio: Lecciones desde Chile, Colombia, Brasil y Perú

Chile: El pionero con desafíos propios

Chile fue uno de los primeros países en implementar un sistema de pensiones basado en la capitalización individual en 1981. Este modelo ha sido aclamado por su sostenibilidad financiera, pero también criticado por las bajas pensiones que ofrece. Tras las protestas de 2019, se han realizado reformas que incluyen un pilar solidario para garantizar un ingreso básico a los jubilados de menores ingresos.

Colombia: Hacia un sistema mixto

Colombia ha dado pasos importantes hacia un sistema mixto que combina contribuciones individuales con un componente de reparto solidario. La reciente reforma busca incluir a los trabajadores informales y ofrecer una mayor equidad. Además, el programa BEPS permite que los trabajadores informales hagan pequeñas contribuciones voluntarias para garantizar un ingreso en su vejez.

Brasil: Los retos de un sistema público

Brasil enfrenta un problema diferente. Con un sistema basado en el reparto, el país está luchando con el rápido envejecimiento de su población y una deuda pública creciente. Las reformas recientes han aumentado la edad de jubilación y reducido los beneficios para aliviar la carga fiscal, pero el desafío sigue siendo enorme.

Perú: Afrontando la informalidad laboral

Perú también adoptó un sistema de capitalización individual, pero la informalidad laboral y los bajos aportes han limitado su efectividad. A pesar de las reformas para reducir los costos y mejorar los rendimientos, la cobertura sigue siendo un problema, especialmente entre los sectores más vulnerables.

Mirando hacia el futuro

En otras palabras, la experiencia de Chile destaca que un sistema puramente basado en contribuciones individuales puede ser insuficiente si no se complementa con un componente solidario. En ese sentido, Colombia y Uruguay parecen estar avanzando hacia una solución más equilibrada.

Para el futuro, será vital que los gobiernos continúen ajustando sus sistemas a medida que evolucionan las dinámicas demográficas, económicas y sociales. Además, la adopción de tecnologías como la inteligencia artificial para la gestión eficiente de los fondos de pensiones, combinada con políticas de inclusión laboral y educación financiera, será esencial para garantizar la sostenibilidad de estos sistemas a largo plazo. Sin estas reformas, las generaciones futuras enfrentarán sistemas de pensiones desbordados y poco capaces de responder a sus necesidades.

Hablando de tecnología, es imposible ignorar su creciente papel en la gestión de pensiones. Veamos cómo las nuevas herramientas digitales están marcando la diferencia.

El rol de la Tecnología: Un futuro digital para las pensiones

La tecnología está transformando la forma en que se gestionan los fondos de pensiones en América Latina. La digitalización ha permitido que muchos de los procesos que antes eran manuales y lentos, como el cálculo de beneficios y el seguimiento de aportes, sean ahora automáticos, eficientes y transparentes.

  • Automatización y reducción de costos: Las plataformas tecnológicas han permitido automatizar tareas complejas, reduciendo los costos operativos y mejorando la experiencia de los afiliados. Esto, a su vez, puede traducirse en menores comisiones para los trabajadores.
  • Inteligencia Artificial y análisis de datos: Las nuevas tecnologías no solo están mejorando la eficiencia, sino también la toma de decisiones. La inteligencia artificial y el análisis de datos permiten predecir mejor las necesidades de liquidez y optimizar las carteras de inversión, mejorando la rentabilidad de los fondos.
  • Acceso a la información en tiempo real: Países como Chile y Colombia ya cuentan con plataformas en línea que permiten a los trabajadores monitorear sus cuentas de pensiones en tiempo real, facilitando una gestión más transparente y empoderando a los afiliados a tomar decisiones informadas.

 

Pero por más avanzada que sea la tecnología, ningún sistema funcionará sin una buena gobernanza y confianza pública.

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Gobernanza y transparencia: claves para la confianza

No podemos hablar de sistemas de pensiones sin abordar el tema de la confianza. La mala gestión, la corrupción y la falta de transparencia han erosionado la credibilidad de los sistemas en muchos países de la región.

¿Cómo se recupera la confianza? La transparencia es clave. Países como México han implementado medidas que obligan a las AFORE a publicar informes financieros regulares y a someterse a auditorías externas. Esto ha mejorado la percepción del sistema y ha dado a los afiliados mayor acceso a la información.

Rendición de cuentas. En Perú, donde las AFP han sido criticadas por las altas comisiones y los bajos rendimientos, las entidades reguladoras están exigiendo una mayor rendición de cuentas. Sin embargo, la confianza pública sigue siendo un reto, y muchos trabajadores prefieren buscar alternativas fuera del sistema.

Por otro lado, una población que enfrenta barreras adicionales dentro de los sistemas de pensiones son las mujeres, y eso nos lleva a la discusión de la brecha de género.

La brecha de género en las pensiones

La brecha de género en las pensiones es un problema estructural que afecta a millones de mujeres en América Latina. Las mujeres suelen recibir pensiones significativamente más bajas que los hombres debido a varias causas, como la desigualdad salarial, las interrupciones en su carrera laboral por responsabilidades de cuidado no remunerado, y una mayor expectativa de vida.

Estos factores combinados hacen que las mujeres acumulen menos contribuciones a lo largo de su vida laboral, dejándolas más vulnerables económicamente en la vejez.

Impacto en la calidad de vida

El resultado de esta brecha es que muchas mujeres mayores viven en situaciones de pobreza o dependen económicamente de familiares. En países como Chile, las pensiones de las mujeres pueden ser hasta un 30% más bajas que las de los hombres, lo que complica su acceso a recursos básicos como vivienda y atención médica.

¿Qué se está haciendo? Algunos países han comenzado a implementar soluciones. Chile y Uruguay, por ejemplo, cuentan con pilares solidarios que ofrecen pensiones básicas a quienes no han podido cotizar lo suficiente. Además, algunos programas, como en Argentina, reconocen el trabajo de cuidado no remunerado mediante bonificaciones en las pensiones por cada hijo. Sin embargo, aún queda mucho por hacer en cuanto a políticas de equidad salarial y educación financiera para mujeres.

Lo que se necesita. Cerrar la brecha de género en las pensiones requiere reformas más estructurales, como fortalecer los pilares solidarios, reconocer el trabajo de cuidado no remunerado y reducir la desigualdad salarial. Solo con un enfoque integral, las mujeres podrán enfrentar su vejez con mayor seguridad económica.

Optimiza tu gestión de Pensiones hoy

Los sistemas de pensiones en América Latina están en un punto de inflexión. La clave para el futuro estará en encontrar un equilibrio entre la equidad social y la sostenibilidad financiera, adoptando tecnología avanzada y asegurando que los más vulnerables no queden atrás.

Es fundamental que los gobiernos sigan ajustando sus sistemas de pensiones para que reflejen las realidades económicas y demográficas actuales. Con las reformas adecuadas, un uso inteligente de la tecnología y un enfoque en la equidad, podemos imaginar un futuro donde todos los ciudadanos tengan acceso a una jubilación digna, sin importar su nivel de ingresos o su historia laboral.

Como AFP, tienes la oportunidad de liderar esta transformación. Optimiza la administración de los fondos de pensiones y asegura mejores resultados para tus afiliados. ¡Comienza a mejorar la gestión hoy!

 

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